Rutas a pié o en BTT

 

Ruta de los Reales

 

Una ruta muy recomendable para realizar en bicicleta de montaña, aunque también puede ser realizada a pie. Posee valore naturales, etnográficos e históricos. Como aliciente, en época de estío podremos refrescarnos al final del recorrido en la Presa de los Reales. Muy recomendable para realizarla en otoño y primavera. El texto que sigue se ha obtenido de la Guía "Sentir y vivir en Cabañeros", editada por la Mancomunidad de Cabañeros.


La ruta se inicia en el camino que sale a la izquierda, inmediatamente antes de abandonar Navas de Estena en dirección a Retuerta, indicado hacia Finca El Gualí. En los alrededores del pueblo veremos vallados con postes de granito donde pastan algunos caballos entre urracas, cogujadas y jilgueros. Pasamos al lado de una nave de grano a nuestra derecha y dejamos el depósito de agua a la izquierda. Al cruzar por el arroyo de Santa María, con zarzales y algún roble, veremos de frente varios cerros de pizarra azuladas con vetas blanquecinas y rojizas. El mas visible, hacia nuestra derecha, es el denominado Postuero de las Chiquillas, que presenta síntomas de acarcavamiento.


Estas pizarras cubren la parte septentrional del valle del Estena, alcanzando una potencia de 800 metros. En ellas podremos ver numerosos fósiles de invertebrados. A un kilómetro y medio del inicio, un gran roble testigo del pasado sorprende por estar inmerso en medio de un paisaje dominado por extensos jarales con arbolado disperso. Entre el jaral veremos algunas parcelas de pastos, cereal y algún viñedo abandonado. A unos dos kilómetros y medio pasaremos al lado de un arrollo con zarzas y espinos, mientras las encinas van siendo más abundantes en el monte. Sobre el suelo pizarroso, sin embargo, tan solo crece un jaral claro. La yerba de San Juan o hipérico, que tiene importantes propiedades antiinflamatorias y antidepresivas, abunda en las parcelas incultas y en las cunetas del camino. A unos tres kilómetros llegaremos a un cerro donde se ve perfectamente el cambio en el tipo de pizarras y tras una pequeña subida, en la que observaremos otro cerro aterrazado, llegaremos a una encrucijada. Torcemos a la izquierda siguiendo la indicación de "El Gualí", camino que seguiremos recto en la siguiente bifurcación entrando por unas puertas canadienses. A partir de aquí descendemos suavemente por un valle con grandes alcornoques muertos, pasando por unas casas a la izquierda del camino tras las que se divisará el macizo de Rocigalgo de frente, y el Monte El Guijo de forma cónica y con una plantación de pinos en su base.


A unos cinco kilómetros cruzaremos por un arroyo con fresnos y veremos de frente otra repoblación de pinos. Unos 300 metros más adelante y tras pasar por otras puertas canadienses llegaremos al arroyo de Los Reales, donde existe una interesante concentración de casa de piedra y pequeñas huertas a lo largo del arroyo. La primera casa que nos encontramos es la de un antiguo molino. Andando entre las ruinas de una de las casa contíguas vimos tres trillas y una centrifugadora para limpiar grano de 1900. Las riberas están pobladas de densos zarzales con abundancia de plantas trepadoras como clemátides, parras y nuezas que cubren los huecos de la fresneda que forma un bosque de galería a lo largo del curso del arroyo, en que observaremos sin dificultad petirrojos, oropéndolas, herrerillos y mirlos. Cruzando el arroyo por el vado veremos una alventadora metálica al lado del camino, y más adelante otras casas con una alberca que pudiera ser otro molino al tener adosados los restos de un muro o canal. Algo más adelante llegamos a un pequeño pinar. El camino desciende con mayor pendiente dejando a nuestra derecha la entrada a la finca Las Cuevas con puertas canadienses. Acercándonos al río observamos muchos espinos, rosales, brezos, sauces y parras silvestres. Volvemos a cruzar el arroyo por otro vado habiendo recorrido un kilómetro más o menos desde que dejamos el primer molino. El camino se adentra entre un matorral alto con encinas y el arroyo va haciéndose progresivamente más ancho. Estamos en la cola del pantano de Los Reales, que se encuentra vallado perimetralmente. Al llegar a las puertas que permiten la entrada hacemos una parada para contemplar la vegetación de juncos, poleo, mentastro y eneas que va poblando poco a poco las orillas y las aves que descansan en el pantano. De camino hacia Navas de Estena, que dista unos dos kilómetros, pasaremos entre jarales con alguna pequeña encina, viéndose también alguna parcela de olivar. A nuestra izquierda los cerros presentan fuertes acarcavamientos donde se refugia vegetación arbórea, curiosamente de quejigos. El depósito de agua, las vallas ganaderas y las pequeñas parcelas de cereal indican que estamos de regreso en el pueblo.


Como alternativa, el camino de regreso hasta Navas de Estena lo podemos hacer bajando por el mismo arroyo de Los Reales, en el cual encontramos una poblada vegetación compuesta por fresnos, rebollos, álamos y algunos frutales de los huertos próximos al arroyo. Antiguamente, se construían presas con juncos para regar los huertos, hoy día su número es más escaso y se riegan con las acequias que transportan el agua proveniente del arroyo. Nada más comenzar el recorrido a través del arroyo vemos las ruinas de lo que fueron un tejar y "el Molino de El Pulga".

 
 
 
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