
Los suelos silíceos y el clima mediterráneo, hace que la vegetación dominante sea de tipo esclerófilo (encinas y alcornoques), claramente adaptadas a la sequía estival. Sin embargo los vientos del atlántico y las frecuentes inversiones térmicas que se producen en las vaguadas de la sierras, permiten la aparición de bosques de hoja caduca con preponderancia de quejigos y robles. Cada tipo de bosque aparece en lugares con características concretas de temperatura, suelo y humedad, variables según la altitud y la orientación de solana o umbría. La mayor o menor abundancia de agua provoca la aparición de bosques de ribera, formados por fresnos, alisos o abedules. Gran parte del territorio se encuentra en posición intermedia, lo que favorece la aparición de bosques mixtos en que se mezclan todos estos árboles.
Los crestones cuarcíticos, limitan la aparición de vegetación por falta de suelo. Tan solo plantas adaptadas a estas condiciones consiguen sobrevivir, como los líquenes saxícolas que son los organismos de mayor diversidad en cuarcitas y pizarras, abarcando un amplio mosaico de especies. La vegetación vascular saxícola esta dominada por especies endémicas que colonizan las grietas y oquedades, como el clavel de roca, la dedalera, Jasione crispa mariana, enebros, helechos, musgos, crasuláceas, acederas y yesca.
Los encinares debieron constituir el bosque original de la zona, pero la explotación de los recursos forestales ha degradado este bosque, que pertenece al tipo encinar con piruétanos que caracteriza el paisaje serrano de la localidad. Es difícil encontrar bosques maduros por la intensa y continua explotación, pero aún así, existen rodales en las zonas más inaccesibles en que las copas de las encinas se cierran, creando un ambiente en el que no penetra la luz. En este caso, la encina es el principal componente, que puede ir acompañada de alcornoques, madroños, enebros, cornicabras, arces y quejigos. En los encinares maduros, el estrato arbustivo es pobre, estando formado principalmente por madroñas, durillos y agracejos. Donde la presión de los animales es más alta, o por degradación debida a talas o incendios, el sotobosque está formado por jaras, romero y torvisco.
Este tipo de encinar encierra dos variantes, húmedo y seco, siendo las especies características del primero, además de la encina, los quejigos, madroñas, cornicabras, arces, brezos, jaras, durillos, labiérnago, aulagas y jaranzo. En el encinar seco, situado en las zonas más cálidas, entran el mirto, la estepa negra, el lentisco, el acebuche y los alcornoques.
En las laderas medias y altas de las solanas y en bajas de umbrías algo soleadas, aparecen bosques de alcornoques, de poca extensión normalmente y acompañados por encinas y quejigos, y en algunas zonas por robles.
La zona más fría y húmeda está ocupada por robledales, formados principalmente por roble melojo acompañado de madroños o mostajos, aunque también se dan, sobre todo en el alto Estena, robledales con arces, quejigos, alcornoques, mostajos, acebos y tejos, en el que también entran fresnos. Estos bosques de robles, se encuentran muy alterados por talas más o menos recientes, por lo que el sotobosque aparece enriquecido con especies resistentes al frío como jaras, brezos, cantuesos y jaguarzos. En las zonas de suelo degradado, aparecen varias especies de brezo, cuyo importancia radica en la protección que ejercen frente a la erosión.
En los medios acuáticos ribereños, los sauces ocupan la banda de vegetación más próxima al cauce, contactando normalmente con alisos o tamujares. En las zonas donde se forma una bóveda arbórea de gran umbría, aparecen diversos tipos de helechos, que contactan con las fresnedas y saucedas debido a la topografía del cauce en el alto Estena. En el estrato arbustivo, destacan arraclanes, hiedras, parras silvestres y nuezas. Las fresnedas ocupan las bandas más alejadas del cauce, acompañadas por olmos, álamos, quejigos, arces y robles. En la mayoría de las gargantas, debido a la dificultad del acceso, se desarrolla una vegetación en la que se mezclan especies de elevadas apetencias hídricas, como quejigos, fresnos, robles, arraclanes y sauces, además de aparecer especies como el avellano, el tejo y el acebo.
En los trampales cercanos al río Estena, en la zona del Acebo y la Fuente Fría, se pueden apreciar plantas carnívoras como la atrapamoscas o la grasilla. También es típico de este ambiente el junquillo de Ciudad Real y los característicos cepellones de mansiega.
De la descripción anterior, resaltamos las especies más raras y escasas, junto a sus hábitats principales:
ABEDULAR: Endémico y relíctico en esta zona.
ACEBO: Muy escaso, en los lugares más húmedos, alisedas y robledales.
ALISEDAS: Son refugio de flora de umbría muy rara como el helecho norteño y el real.
AVELLANO: Muy escaso, aparece como vegetación de rivera en algunas gargantas del Estena.
COMUNIDADES LIGNICOLAS: Sobre los troncos en descomposición aparece una flora liquénica muy especializada y rara.
COMUNIDADES RUPICOLAS: Aunque frecuentes en todas las cumbres silíceas, al no ser estas zonas susceptibles de ningún uso, viven diferentes endemismos.
GARGANTAS: Se desarrolla una vegetación virgen donde se refugian muchas de las especies más raras.
JUNQUILLO O NARCISO DE CIUDAD REAL: Endemismo que solo se conoce en algunos trampales y zonas higroturbosas de esta provincia.
ROBLEDALES: Son unos de los bosques más escasos y más castigados por las talas y repoblaciones. Son el hábitat de especies raras y escasas como serbales, ciruelos silvestres, y de una flora liquénica más rara aún, además de distintas especies de brezos atlánticos.
TEJO: Solo aparece en algunos puntos húmedos y fríos.
TRAMPALES: Poseen una vegetación exclusiva de estos espacios.